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Toreros del siglo XIX

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PROEMIO

Una prohibición fulminada por Godoy en 1804 suspende la actividad taurina, que vuelve a renacer con la Guerra de la Independencia. José Bonaparte, sin duda para bienquistarse con el pueblo madrileño, autoriza corridas, y vienen a todo coste y riesgo los mejores toreros que aún quedaban a Madrid, y se celebran fiestas de toros alguna vez accidentadas por las difíciles circunstancias políticas. 

Un diestro más importante para la historia del toreo que lo fue para el entusiasmo de sus contemporáneos, Jerónimo José Cándido, cuñado de Pedro Romero y de la clara progenie taurina de los Cándidos, aprovecha los estilos, al parecer irreductibles, de Romero y “Pepe Hillo”, e inicia una nueva corriente ecléctica, cuyo surco ha de poder seguirse a través de todo el siglo XIX, y llega hasta nosotros. Es la ·manera o escuela que alguien ha llamado de Chiclana, por la naturaleza de sus primeros y mejores practicantes, y propugna un toreo largo y variado, sin caer en las licencias sevillanas, pero superando la mera pretensión de eficacia para la suerte de matar de los de Ronda. 

En 1830 Fernando VII funda la Escuela Preservadora de Tau­romaquia de Sevilla, de la que es director Pedro Romero, ya muy anciano, y segundo el Cándido citado. Fue empeño de taurinos apasionados deseosos de prevenir los accidentes de la lidia con una en­señanza precautoria. Acaso la intención estuvo mal orientada, pero no fue estéril la escuela. De ella salen diestros como Francisco Montes y Francisco Arjona "Cuchares", de trascendencia incalculable en la evolución del toreo. Aquél, de Chiclana y dotado de extraordinarias cualidades taurinas y de carácter, es el eje de la torería de su tiempo y lleva a su colmo la tendencia representada primero por Jerónimo José Cándido ya aludida. "Cuchares", más joven, es el representante más característico de la escuela sevillana, y en él las ale­grías y recursos movidos que le son propios vienen a degenerar en licencias censurables, especialmente en su última época. Sostuvo competencia con el malogrado José Redondo "el Chiclanero" discípulo y paisano de Montes, que representaba la tendencia de SU maestro aún más depurada, sobre todo en la suerte de matar. Nadie, hasta el, se había traído con tanta perfección los toros con la muleta, en la suerte de recibir y, salvo acaso "Pepe Hillo", ninguno había disfrutado de popularidad tan afectuosa. 

Poco se alteran en lo que resta de siglo las tendencias señaladas por estos diestros, salvo un importante hallazgo que se incorpora a la técnica torera por obra de un diestro sevillano: el quiebro. Le da por primera vez Antonio Carmona "el Gordito''. Esperaba al toro, y al llegar a jurisdicción, es decir, al punto en que la acción defensiva del diestro había de entrar en juego para ser eficaz, con un ademan quebraba o desviaba el viaje del toro sin moverse él del terreno que ocupaba. Ello lo hacía a cuerpo limpio, o con las banderillas que clavaba en el momento crítico de ser equivocado el encuentro. Tal suerte no solo crea una nueva manera de banderillear, sino que dentro del toreo movido de la llamada escuela sevillana, incorpora un ardid de consecuencias notables y un recurso brillante para el lucimiento. 

Sin la invención de este ardid no hubiera pasado de ser "el Gor­dito" un torero medianamente estimable. Le opusieron, en afán de competencia, Antonio Sanchez "el Tato", yerno de "Cúchares" y de avasalladora simpatía, pero duro poco como torero "el Tato", pues a consecuencia de una cogida en la que le infirió una cornada un toro de Veragua en Madrid hubieron de cortarle una pierna quedando inútil para la profesión. Su fuerte había sido la suerte de matar al volapié, que practicaba con depuradísimo estilo, y practicándola sufrió la cogida que le dejó inútil para la profesión. Su victoria en la competencia fue indisputable, llegándose a tal pasión que Antonio Carmona puede decirse que fué materialmente expulsado de la plaza de Madrid por las protestas del público, fomentadas por campañas de la prensa taurina de entonces verdaderamente violentas. Es episodio memorable y muy significativo de las costumbres de la torería, entonces y siempre.  

Una era esplendorosa de la fiesta se abre por entonces con la aparición del cordobés Rafael Molina "Lagartijo" y el granadino, de Chu­rriana, Salvador Sanchez "Frascuelo". El primero con su maestría y elegancia admirables, y el segundo con su bravura y resolución mantienen el entusiasmo de los públicos con una competencia apasionante en la que ninguno puede declararse vencedor. Tal fue el apasionamiento que despertaron que su recuerdo vive en los que les vieron torear y hasta mucho después sirven de comparación y contraste de los méritos de nuevos espadas. En las reseñas taurinas de las corridas de entonces quedan las huellas del apasionamiento que despertara tal competencia, y escritores taurinos como Sanchez de Neira y Peña y Goñi defienden la causa “frascuelista”, en tanto son paladines de la de "Lagartijo" plumas tan hábiles y conocidas como las de Mariano de Cavia "Sobaquillo'', Carmena y Millán o Eduardo del Palacio "Sentimientos".  Al retirarse dejaban una gran figura como heredera de su arte, la del cordobés Rafael Guerra "Guerrita". Las facultades físicas de éste sirviendo unos medios tácticos hasta entonces no superados, componen una figura taurina de primer orden que puede entrar en la disputa de haber sido la más sobresaliente del toreo de todas las épocas. Unía a las cualidades dichas un concepto exigente de la dignidad profesional y una valentía autentica. En los años de su actividad taurina cierra el paso a figuras que sin él hubieran tenido relieve de primer plano, como Manuel García "el Espartero", simpático y temerario diestro, muerto en Madrid por un toro de Miura. Luis Mazzantini, excepcional estoqueador, o Antonio Reverte Jiménez, torero de singular ángel y simpatía, cantado por la musa popular y halagado y celebrado por todos. Pero "Guerrita" llena el solo su época y estos diestros no son sino débil contrapunto de su arte insuperable.

 

  

En recuerdo, admiración y respeto a Don José María de Cossío – La Fiesta de Toros -