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La tauromaquia en Portugal

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DESDE LOS ORÍGENES AL SIGLO XVIII

La primera referencia a una actividad taurina en Portugal data de 1258, en las Inquiriciones de D. Afonso III, donde se refiere que D. Sancho I (1154 -1211), el segundo rey de Portugal, alanceó toros en el Campo das Almoínhas, en Lamego. Alancear toros significaba matar toros con una lanza.

Estas prácticas taurinas procedían ya de antes de la fundación de Portugal, por lo que resulta imposible determinar la fecha de su origen. Desde el origen de la nacionalidad, se realizaban corridas de toros en las principales plazas públicas de las ciudades y pueblos de Portugal, donde se montaban plazas, típicamente con formas cuadradas, hechas en madera, que eran desmontadas después de los festejos. En Lisboa, por ejemplo, hasta finales del siglo XVIII, estas corridas se realizaban en Terreiro do Paço y en Rossio. En Viana do Castelo, en el siglo XVII, se realizaban en la actual Plaza de la República, en Évora en la Plaza del Giraldo. Así era en todo el país, de norte a sur, pasando por las Islas.

En Lisboa también se realizaban corridas en Xabregas (siglo XVI) donde recorrió el rey D. Sebastião, en la Junqueira (Belém) y en la Estrella (ambas en el siglo XVIII), con la intervención de reyes y nobles, en espectáculos que eran ofrecidos al pueblo, por el Senado de Lisboa o por la Casa Real. En estas corridas, después de unas cortesías largas y exuberantes, se lidiaban cerca de 20 toros que eran muertos a la lanza por los jinetes, que eran ayudados por los capotas (los actuales peones de brega). Más tarde, a partir del siglo XVI, se pasó a usar el cohete en vez de la lanza para matar los toros. A partir del siglo XVII, los forcados comienzan progresivamente a participar en el espectáculo (la primera referencia escrita data de 1661) y, desde el siglo XVIII, intervinieron también, a veces, los matadores, que mataban toros a pie.

La gran popularidad alcanzada por estos festejos habrió las puertas a su explotación comercial. Después de la Plaza de la Junqueira, en Belén, (la primera en formato circular) inaugurada en 1738, se inaugura la Plaza de Toros del Salitre en 1790, financiada por un grupo de aficionados, con la presencia del futuro rey D. Juan VI.

Desde su origen el toreo sólo se practicaba a caballo. Hasta el siglo XVIII el toreo en Portugal y España era igual, con la lucha y muerte de los toros a caballo. A partir de esa época en Portugal siguió predominando el toreo a caballo, apareciendo también la figura del Forcado, mientras que en España surgieron los matadores de toros a pie, que hoy predominan en la tauromaquia española. Por esta razón Portugal es la patria del toreo ecuestre, distinguiéndose de España, la patria del toreo a pie.

SIGLO XIX 

Por iniciativa del "rey torero" D. Miguel, gran aficionado, fue inaugurada el 3 de julio de 1831, la plaza de toros del Campo de Sant'Anna en Lisboa, que fue durante sesenta años la plaza de la capital. D. Miguel presidió su inauguración. Las corridas estuvieron prohibidas entre 1836 y 1837, por acción del primer ministro Passos Manoel, pero el descontento popular fue tan grande que al cabo de nueve meses se revocó la prohibición. A partir de esta fecha ya no se matarán toros en la arena, a pesar de que no existe una prohibición legal para ello. Debido a esta situación los toros pasaron a ser lidiados más de una vez, lo que se llamó "Toro Corrido". Esta situación ha llevado a un retroceso en la evolución artística del toreo, ya que un toro una vez toreado, se hace imposible de hacer frente a la brillantez y el arte.

Fue en esta Plaza del Campo de Sant'Anna donde se consolidó la profesionalidad tanto de los artistas como de los promotores del espectáculo. Por esta plaza pasaron los grandes matadores españoles de la época, como Antonio Carmona "Gordito", Rafael Molina "Lagartijo" y Salvador Sánchez "Frascuelo" y caballeros como el Marqués de Castelo Melhor, Conde de Vimioso, Marqués de Belas o Manuel Mourisca, dinastías de bandarilleros como los Robertos (padre e hijos), João do Rio Sancho, João Calabaça, los Peixinhos (padre e hijo) o Cadetes (padre e hijo), y los mejores forcados, llegados de la Borda D'agua, el Ribatejo.

Cerrada la plaza de toros del Campo de Sant'Anna por dejar de reunir condiciones de seguridad (en 1889), se comenzó la construcción de la Plaza de Toros del Campo Pequeno, propiedad de la Real Casa Pia de Lisboa, que vendría a ser inaugurada el 18 de agosto de 1892.

SIGLO XX

El entorno taurino de la transición del siglo XIX al siglo XX está dominado por la competencia entre los caballeros Manuel Casimiro de Almeida y Fernando de Oliveira, que moriría en Campo Pequeno, el 12 de mayo de 1904, cogido por el toro "Ferrador", de la ganadería de los Marques de Castillo Mejor. El caballero Victorino de Avelar Froes destaca en esta época, no sólo por sus capacidades artísticas y ecuestres, sino también por ser uno de los precursores de la reposición del toro puro (lidiado sólo una vez), iniciando un proceso de transformación, que marcará el toreo a caballo del siglo XX. En 1915, António Gomes de Abreu funda el Grupo de Forcados Amateur de Santarém, siendo el precursor del modelo amateur de forcados que hoy existe. Este es el más antiguo grupo de aficionados, con actividad ininterrumpida. 

Las plazas de Portugal están también marcadas por la presencia de la pareja de matadores de la "Edad de Oro" del Toreo a Pie: José Gómez Ortega "Joselito" y Juan Belmonte.

En Portugal, donde aún no existían matadores, había un grupo de banderilleros de primera categoría, que ponían banderillas y lidaban de capote y muleta, entre los que se destacaban los hermanos Cadete, los hermanos Roberto, y hermanos Peixinhos, Manuel dos Santos, entre otros.

Edad de Oro del Toreo Caballo 1920 - 1950

A lo largo de la historia del Toreo, muchas han sido las rivalidades entre artistas que marcan profundamente varias épocas. A diferencia de España, donde, por razones políticas, fue perdiendo importancia, el toreo a caballo en Portugal siguió desarrollándose, practicado tanto por profesionales, normalmente de origen popular, como por hidalgos, generalmente aficionados.

Esta época está marcada por dos caballeros extraordinarios: Juan Blanco Nuncio (1901-1976) y Simäo da Veiga Jr. (1903-1958) los cuales protagonizan la llamada "Edad de Oro del toreo a caballo". Nuncio revoluciona el toreo a caballo, imponiendo el toro puro (lidiado una sola vez), acabando con el toro corrido (lidiado varias veces). Esta enmienda ha permitido que el toreo ecuestre se emancipe definitivamente como arte. Es también por la influencia de Juan Nuncio que los caballeros dejan de usar cabellera empolvada y guante blanco durante las lides. Nuncio es la referencia máxima del toreo clásico y de la pureza técnica mientras que el toreo de Simäo da Veiga Jr. era exuberante, llegando fácilmente al público.

Este período está marcado, también, por una generación de caballeros, donde se destacan António Luís Lopes, José Casimiro Jr., D. Francisco Mascarenhas y Joaquim Murteira Correia.

En la temporada de 1927 se realizan legalmente, en el Campo Pequeño, cuatro corridas de toros de muerte. Estas corridas tuvieron fines de beneficencia, correspondiendo al objetivo de restaurar la gestión integral en Portugal. A pesar de este intento en 1928 vino la prohibición legal de los toros de muerte. 

A finales de los años 40, surge en los ruedos, y en el Campo Pequeno, la amazona Conchita Cintrón, de origen norteamericano y peruano, considerada la torera femenina más famosa de la historia. Destacaba por tratar con toros a pie y a caballo.

Los Mexicanos 1930 - 1950

En 1936, España y México rompen el Convenio establecido entre sí, imposibilitando que los toros mexicanos actúen en España y viceversa. Así, Portugal se convirtió en el destino europeo de los matadores mexicanos, que dejaron huellas profundas en la tauromaquia portuguesa. Ejemplos de ello son Carlos Arruza, Luis Freg, Luís Castro "El Soldado", Luís Gómez "El Estudiante", Gregorio Garcia, Fermin Espinosa "Armillita", Luis Procuna, Fermin Rivera, que se enfrentaron en la arena del Campo Pequeño con los españoles "Manolete", Luis Miguel Dominguin, Pepe Luis Vásquez, Manolo Bienvenida y Marcial Lalanda. De todos estos, Gregorio García, por su estilo de toreo, tendría una enorme influencia en la aparición de los primeros matadores de toros portugueses. 

En Campo Pequeno nació la rivalidad entre los matadores Manuel Rodriguez Sánchez "Manolete" (español) y Carlos Arruza (mexicano). Aquí actuaron juntos por primera vez el 4 de junio de 1944.

En 1933, a pesar de la prohibición legal, se sigue luchando por la autorización de las corridas integrales y el Gobierno ha permitido la realización de cuatro corridas con toros de muerte, creando una Comisión para opinar sobre este tema. En estas corridas intervinieron, entre otros, los caballeros António Luís Lopes, João Nuncio, D. António de Mascarenhas y los matadores Marcial Lalanda, Manolo Bienvenida, Domingo Ortega, Pepe Bienvenida, y Victoriano de la Serna. 

En la década de los años 40, D. Fernando Mascarenhas, notable forcado amador y cabo del Grupo de Forcados Amateur de Santarém, pasa a citar a los toros a mayor distancia, creando la cita de ancho como hoy vemos en las ”pegas”.

Los Primeros Matadores Portugueses 1947 – 1960

Después de muchas generaciones de subalternos / banderilleros portugueses famosos, que trataban toros a pie, Portugal todavía no tenía ningún matador de alternativa. El primer portugués que se presentó en España, a torear reses bravas, en la categoría de noviero, fue Augusto Gomes Júnior (13 junio 1946 - Pamplona). Sin embargo, el primer portugués a tomar alternativa de matador de toros fue Diamantino Vizeu (23 marzo 1947 - Barcelona), abriendo la puerta a un nuevo capítulo de la historia de la Tauromaquia Portuguesa, donde se destacan Manuel dos Santos (15 Agosto1948 - Sevilla), Francisco Mendes (10 agosto 1954 - Málaga), Armando Soares (30 septiembre 1962 - Sevilla), Amadeu dos Anjos (13 septiembre 1963 - Salamanca).

Diamantino Vizeu (1925-2001), junto con Manuel dos Santos (1925-1973), protagonizó la "Edad de Oro del toreo a pie en Portugal" durante las décadas de 50 y 60 del siglo XX, siendo dos figuras del toreo muy apreciadas por el público. Manuel dos Santos fue un matador de proyección mundial, siendo el que más toreó, en todo el mundo, en la temporada de 1950, con un total de 93 corridas. Fue empresario de Camp Little. A lo largo de su gestión, promovió varias innovaciones en el área de la gestión, que se mantienen hasta el día de hoy, como las Carreras TV, las Entradas con descuento, los festivales estudiantiles y las corridas de Calendario. Fueron célebres las "Fabulosas Corridas de Verano". 

Desde entonces, la lista de Matadores de Toros portugueses cuenta ya con 40 nombres, siendo los más destacados, por su proyección internacional, además de Diamantino y Manuel, António dos Santos (n.1929), Francisco Mendes (n.1932), José Trincheira (n.1935), José Júlio (n.1935), Armando Soares (n.1935), Mário Coelho (n.1937), Amadeu dos Anjos (n.1942), José Falcão (1944-1974, cogido mortalmente en Barcelona el 11 de agosto), Vítor Mendes (n. 1959), Rui Bento Vásquez (n.1965) y Alexandre Pedro "Pedrito de Portugal" (n. 1974).

La nueva Ola del toreo ecuestre 1960 – 1980

El Maestro Batista tomó la Alternativa el 15 de septiembre de 1958, en la Moita do Ribatejo, después de haber sido reprobado en la prueba que había realizado en Camp Pequeno el 15 de julio del mismo año. Es el único caso en la historia de la tauromaquia de un caballero que ha sido rechazado en la Alternativa.

Su estilo revolucionó el arte de torear a caballo. Marcó una época. Fueron célebres sus competiciones con Luis Miguel da Veiga y José João Zoio, a nivel nacional, y con el español Álvaro Domecq, tanto en Portugal como en España. El Maestro Batista se ha convertido en un caballero muy querido del público de norte a sur del país, siendo una figura muy mediática.

Murió prematuramente el 17 de febrero de 1985 en Zafra (España), víctima de asma. Fue condecorado a título póstumo por el Presidente de la República, General Ramalho Eanes, con la Orden del Infante D. Enrique. 

Ejecutar "hierros a la Bautista" fue el gran objetivo artístico de la generación de jinetes tauromáquicos que le siguió. Batista, el "Beatle das Arenas" en versión portuguesa, constituyó con el matador de toros español Manuel Benitez "El Cordobés" (la versión española del "Beatle das Arenas") uno de los casos de mayor popularidad de siempre en el mundo taurino.

Los años sesenta y setenta del siglo XX son un "tiempo" marcado por la presencia de grandes matadores de toros en las arenas portuguesas. Además de "El Cordobés" se añaden nombres como los de António Ordoñez, Paco Camino, Diego Puerta, Santiago Martin "El Viti", Dámaso González, Francisco Rivera "Paquirri" y Curro Romero, que alternaron con mataderos portugueses como Armando Soares, Mario Coelho, Amadeu dos Anjos, Ricardo Chibanga (el primer matador de toros africano de Mozambique) o José Falcão.

La revolución Mourista 1980 – 2001

João Moura es un genio del toreo y el caballero que más ha modificado el arte de torear en las últimas décadas, siendo de los más célebres caballeros de la historia de la Tauromaquia. Definió un estilo y una forma de torear que lo llevaron a la cima a los 17 años. Su estilo se caracteriza por la conexión entre el caballo y el toro, funcionando el caballo como si fuera el capote de un matador. 

Juan Moura simboliza el "gran salto" en la evolución del toreo a caballo después de Juan Nuncio. Su revolución ha traspasado fronteras, influyendo decisivamente tanto en el toreo a caballo en Portugal como en España. Abrió siete veces la gran puerta de la Monumental de Las Ventas, la primera de las cuales tenía sólo 17 años.

La generación de caballeros portugueses del último cuarto del siglo XX y principios del siglo XXI constituye uno de los grupos más valientes de la historia de la tauromaquia, por la cantidad y la calidad. Además de João Moura: Emídio Pinto, Joaquim Bastinhas, Paulo Caetano, João Palha Ribeiro Telles, António Ribeiro Telles, Rui Salvador, João Salgueiro, Luis Rouxinol., influyeron profundamente en la evolución del toreo a caballo en Portugal y España y, Hoy en día, son los hijos de varios de ellos, también caballeros, quienes aseguran la continuidad de sus hazañas en las arenas.

Por lo que se refiere al toreo a pie, estos años están marcados por la proyección internacional del matador portugués Víctor Mendes, que durante muchas temporadas se ha mantenido en la cima, y del fenómeno "Pedrito de Portugal", un verdadero caso mediático, que como ganadero arrastró detrás de sí la afición portuguesa, pero cuyo recorrido como matador no consiguió mantener ese impacto.

En conclusión, el toreo ecuestre portugués se basa en evoluciones de alta escuela. A partir del siglo XVIII, al pasarse a la bandada, éste ganó formas cada vez más artísticas, siendo hoy en día un arte totalmente reconocido. 

La corrida a la portuguesa es el resultado de siglos de transformaciones, siendo en la actualidad el reflejo de más de 800 años de la historia de Portugal, siendo una joya valiosísima del patrimonio cultural portugués.

 

 Fuente: TOURADAS  https://www.touradas.pt