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ARGANDA DEL REY (MADRID)

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Ciudad:       

ARGANDA DEL REY

Aforo:

3.000 espectadores

Historia:

Arganda del Rey no cuenta con una plaza de toros fija o permanente de gran envergadura. Para sus festejos taurinos y ferias de novilladas, cada año se instala en la zona de la Plaza de la Constitución de la localidad, una plaza de toros móvil.

Notas históricas: 

Cuando en Arganda se hace referencia a la plaza de toros, suelen surgir opiniones encontradas sobre la idoneidad de la ubicación de una plaza portátil en pleno centro urbano. Sin embargo, puede llamar la atención cómo hace más de cien años, en 1888, se proyecta y se aprueba, sin ningún debate y con total unanimidad, la construcción de una plaza de toros estable en las inmediaciones del paseo de la Estación. 

Arganda vivía entonces un período de gran vitalidad, en pleno auge del comercio y exportación de vino, y con unas excelentes perspectivas de futuro, gracias a la recién estrenada línea de ferrocarril con Madrid. También era buen momento para la fiesta. Son muchas las ciudades que se deciden a construir plazas en estos mismos años. La mayoría de las capitales de provincia ya contaban con una plaza, y ciudades de importancia, entre las que se podía haber incorporado Arganda, tienen su plaza. Por citar algunas, Écija, en Sevilla, o Plasencia, en Cáceres, construyen en estos mismos años sus cosos taurinos.

Es la evolución natural de las plazas de los pueblos, que dejan de tener los requisitos mínimos, por aforo y condiciones, para celebrar un buen espectáculo. Las plazas estables surgen por una necesidad: la frecuencia con que se convocaban fiestas de toros en los siglos XVII y XVIII pone de relieve la incomodidad del constante proceso de montaje y desmontaje de las plazas provisionales. En una primera etapa se diseñan grandes plazas públicas, rodeadas de soportales y balconadas; más tarde se levantan andamios o graderíos, y pronto se ve la necesidad de construir circos de madera. La nueva forma circular evita las antiguas esquinas, donde se refugiaban los toros menos bravos, y nace entonces un nuevo espacio diseñado específicamente para la lidia. 

El siguiente paso, generalmente coincide con el segundo tercio del siglo XIX, es dotar de mayor firmeza y solidez a estos edificios. Así aparece un nuevo tipo de edificación, que viene a sustituir a las deterioradas plazas de madera. Se fueron fabricando a base de elementos más sólidos, hasta acabar siendo obras de fábrica, utilizando materiales más nobles y resistentes: junto a la madera, aparecen la piedra, el hierro y el ladrillo. 

Suelen tener una arquitectura singular, sujeta a unos cánones estéticos tradicionales, y adaptadas perfectamente a las necesidades de una corrida de toros y de los espectadores que asisten a ella. El proyecto que presenta el empresario Rafael Menéndez de la Vega al Ayuntamiento en 1888, por las referencias a los pisos con los que iba a contar y a sus materiales, se corresponde con el prototipo de plaza de toros para una ciudad de la entidad y características de Arganda. 

Se hubiera tratado de una plaza edificada en las afueras de la ciudad, muy bien comunicada, junto a la estación de ferrocarril. Construida en piedra, mampostería y madera, y seguramente con un ruedo de unos 40 metros de diámetro y capacidad para unas 3.000 localidades. Con dos pisos, el primero destinado a barreras, contrabarreras y tendidos, y un segundo con gradas y palcos. La cubierta de las gradas, de teja árabe sobre vigas de madera y pilares. Entre sus instalaciones se incluirían los habituales chiqueros, habitación-conserjería, taquillas, enfermería, capilla, caballerizas y corral para el ganado. 

Seguidamente transcribimos el acuerdo del pleno de 26 de septiembre de 1888, con la presidencia del alcalde, Mariano Riaza García, en el que como único punto de orden del día, y en sesión extraordinaria, se debatió y aprobó por unanimidad apoyar la construcción de una plaza de toros en Arganda: 

«El señor alcalde manifestó al Ayuntamiento que el día 24 del actual se presentó en este pueblo don Rafael Menéndez de la Vega y le participó su propósito de construir una plaza de toros en esta villa, en las inmediaciones de la estación de la vía férrea, y deseaba saber si este municipio, además de prestarle el apoyo moral necesario, auxiliaría a su empresa de alguna otra manera, facilitándole terreno, materiales y aquellas cosas que el pueblo, sin hacer desembolsos, pudiera facilitarle. 

Abierta discusión sobre el particular, la hubo muy detenida, conviniendo todos los señores concejales en que si se realizara el propósito del señor Menéndez de la Vega reportaría grandes ventajas a la localidad, por el gran movimiento que habría en los días de funciones y por el mucho consumo que necesariamente habría de hacerse dentro de este término municipal, redundando en beneficio de los fondos municipales, por todo lo cual se acordó por unanimidad ceder gratuitamente a la empresa del señor Rafael Menéndez de la Vega todos los terrenos que le sean necesarios para la construcción de la plaza de toros en el sitio antes indicado.

Ceder gratuitamente toda la madera que este municipio posee y que destina al cerco de la plaza pública para dar la función de novillos de todos los años, cuya madera no la podrá utilizar hasta que tenga construido el primer piso, y autorizándole para que extraiga la piedra y demás materiales que le sean necesarios de los terrenos propiedad del pueblo que mejor le convengan.

Asimismo, se acuerda entregarle certificación de este acuerdo para que comunique a este Ayuntamiento si acepta la oferta y exprese las condiciones con que se compromete a llevar a cabo su proyecto.«

Finalmente, el proyecto no se llegó a hacer realidad, pero en la historia queda la voluntad de llevarlo a cabo. A disposición del empresario se ponen los terrenos, los palos y maderas de la plaza y la piedra de las canteras del municipio; todo tipo de facilidades. La Corporación es muy consciente de los beneficios que iba a producir en la localidad: más visitantes, más ingresos y, sobre todo, mejores festejos. De haberse concretado, Arganda contaría hoy con una plaza centenaria, orgullo de sus vecinos y referencia obligada en las tradicionales fiestas de septiembre.

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Después de la plaza de Madrid, inaugurada en 1743, antes de que finalizara el Siglo de las Luces, ya se habían construido plazas de loros permanentes en Zaragoza (1764), Ronda (1785) y Aranjuez (1796). A comienzos del XIX se erigieron las de Valencia y Cádiz (1802), y a finales de dicha centuria se levantaron las de El Puerto de Santa Maria (1880) o Murcia (1886), cuyo aforo, apto para dar cabida dieciocho mil espectadores, la convertía en el mayor recinto taurino de su tiempo.

Fuente documental:

Ayuntamiento de Arganda del Rey