×

Mensaje

Este sitio web utiliza 'cookies' para ofrecerle una mejor experiencia de navegación.

Ver documentos de la Directiva e-Privacy

Ha rechazado el uso de cookies. ¿Desea reconsiderar su decisión?

31 - CAPITULO XIII - DEL VER LLEGAR A LOS TOROS

Atrás

 

 LA TAUROMAQUIA COMPLETA

 EL ARTE DE TOREAR EN PLAZA

 TANTO A PIE COMO A CABALLO

 Por: Francisco Montes “PAQUIRO”

 

PARTE PRIMERA  -  ARTE DE TOREAR A PIE

CAPITULO XIII 

DEL VER LLEGAR A LOS TOROS

Inútil sería cuanto hemos dicho hablando de las suertes, si no llamásemos muy particularmente la atención sobre esta importante parte del arte de torear.

 

Consistiendo todas sus reglas en hacer a tiempo los correspondientes movimientos para librarse del toro, y correspondiendo a cada uno de los que este hace en la suerte uno del torero con que lo elude, es evidente que es menester tener la vista fija siempre en él para combinar muy a tiempo aquellos movimientos, y a esto es a lo que los toreros han llamado ver llegar los toros. Pasemos, pues, a marcar en cada una de las suertes explicadas el modo y el momento de verlos llegar con perfección.

 

En las suertes de capa hay que atender, primero al momento en que entra el toro en jurisdicción, y humilla; segundo al instante en que mete la cabeza en el engaño; y tercero al tiempo en que estando fuera tira la cabezada. Se debe atender a lo primero, porque nos muestra si es preciso enmendar el terreno, o cambiarlo, o bien permanecer tranquilo, porque la res camina sencillamente por el suyo: a lo segundo, porque marca cuándo debemos cargarle la suerte, y hacer el quiebro que divide los terrenos; y a lo tercero, para tirar los brazos a tiempo, y darles el remate largo o corto, por alto o por bajo, según lo requiera el carácter del toro, y para dejarlo prevenido para segunda suerte.

 

Si hemos visto lo necesario que es el ver llegar a los toros en las suertes de capa, debemos inferir lo útil que será en todas las de banderillas. En efecto, el que banderillea debe observar el momento en que el toro llega a jurisdicción, humilla, tira el hachazo, sufre el destronque y se repone, y le reconoce el viaje; para embrocar, cuadrarse, meter los brazos y salir con pies, a tiempo todo y cuando sea necesario, pues el buen éxito de la suerte consiste en acomodar con oportunidad a cada movimiento del toro que él nos marca el arte para burlarlo, en atención a que nos pone en situación de conseguir nuestra idea, sin tener ni aun remotamente algún peligro, y será imposible el verificarlo sin estarlo observando exactamente para ver el momento en que efectúa los movimientos que nos sirven de guía. Por tanto, sin este requisito, inseparable e hijo del valor, jamás se toreará con perfección y seguridad.

 

El ver llegar los toros no es menos necesario en la suerte de recorte que en las anteriores. El que recorta debe tener muchísimo cuidado en observar con exactitud cuándo entra en el centro del quiebro, y el momento de la humillación y colada del toro, para hacerle aquel a tiempo y meterse en su terreno, concluyendo así la suerte con seguridad. También deberá volver la cara para observar la salida del toro, ver si se repone pronto y si le observa el viajé, para salir o no con píes, según el caso lo exija. El menor descuido en esto puede acarrear muchos daños: las suertes son segurísimas, en usando a tiempo de las reglas y movimientos que posee el arte para lograr un éxito feliz: para esto es indispensable prestar mucha atención a los movimientos que los toros hacen, que son los que marcan el movimiento oportuno de ejecutar nosotros los que han de inutilizarlos, resultando la seguridad de ellas de la exacta ejecución de dichos movimientos, según las reglas infalibles de la tauromaquia.

 

En efecto, jamás peligrará el que use de ellas a tiempo, para lo cual es indispensable el ver llegar los toros, pues si ellos son los que nos marcan las reglas de que debemos usar, y el momento de su aplicación, ¿se podrá ejecutar seguramente sin este, requisito suerte alguna? Ciertamente que no; y es tanto más necesario en la de recortes, como que en ello no tenemos clase alguna de engaño para nuestra defensa, la cual está toda en hacer el quiebro muy a tiempo, lo que es imposible sin ver llegar al toro.

 

Este requisito es cuando menos tan necesario en la suerte de parcheo como en la de banderillas, y consiste en observar al toro lo mismo que dijimos en aquella, y son también los mismos movimientos, pues como ya hemos visto, la suerte es una en lo esencial, y solo se diferencia por los accidentes.

 

En los pases de muleta es indispensable a lo menos ver llegar los toros, y tanto más cuanto se separa en ella el cuerpo del engaño pues si por falta de ver llegar se adelanta la suerte, y antes de que el toro tome el engaño se mete el diestro en su terreno e intenta rematarla, por sencillo que sea, como no está empapado en ningún objeto, y advierte dentro el bulto mayor, irá a rematar sobre él y lo embrocará por la espalda, siendo inevitable la cogida como el toro conserve los pies. Así es que se hace indispensable estarle observando exactamente, y ver el momento en que llega a jurisdicción y toma el engaño para hacer la suerte a tiempo, siendo mejor en esta atrasarse un poco que adelantarse, pues como ya he dicho es expuestísimo.

 

Si es necesario en todas las suertes ver llegar los toros, tanto más lo será en la de muerte, por ser más complicada que otra alguna. En efecto, es preciso observar en ella, lo primero, cuando llega el toro a jurisdicción; lo segundo, cuando humilla; lo tercero, cuándo llega a la espada; lo cuarto, cuándo está en el centro; lo quinto, cuándo sale de él; y lo sexto, cuándo remata. En no observando muy exactamente estos movimientos, no puede salir la suerte con la limpieza y seguridad que sus reglas garantizan: es pues de primera necesidad atenderlos y medirlos para hacer el quiebro y salirse del centro muy a tiempo, dejando además clavada la espada en el momento que en su lugar dijimos.

 

Cuanto llevo dicho en este capítulo sobre lo útil que es ver llegar los toros en las suertes, se debe entender de todas las demás que se conocen, pues no hay una que sea segura si falta este requisito.