FRANCIA - OBSERVATORIO NACIONAL DE CULTURAS TAURINAS
EL OBSERVATORIO FRANCÉS DE LAS CULTURAS TAURINAS UN REFLEJO DE VIDA
Si la cultura taurina ya pertenecía al pasado, el magnífico Museo que le dedica la ciudad de Nimes bastaría para demostrar su grandeza, como el del Louvre que ofrece a la de los faraones y otras civilizaciones mediterráneas extintas un marco prestigioso que permite a nuestros contemporáneos comprender lo que fueron.
Pero mientras estas civilizaciones extintas –en las que, de una forma u otra, también existió el culto al Toro– sólo existen gracias a los vestigios que han llegado hasta nosotros, la cultura taurina está tan viva que continúa evolucionando.
Para darse cuenta de esto, basta con ir a una plaza o estar cerca de todos aquellos gracias a quienes esto forma parte de la vida cotidiana, en los llamados lugares tradicionales por supuesto, pero también en cualquier lugar donde dos aficionados se encuentran para improvisar una tertulia.
Gracias a esta longevidad durante al menos cinco milenios, gracias a esta vitalidad que le ha permitido seducir a tantos pueblos del Mediterráneo, gracias a este arraigo que le ha permitido transmitirse de generación en generación, la cultura del Toro pertenece a nuestra historia y más aún a nuestra identidad.
Bastó con eso para que el Estado francés, basándose en un dossier científico que detallaba todos sus aspectos, lo inscribiera en el Patrimonio Inmaterial de la República, avalando así oficialmente el estatus de excepción cultural que le correspondía reivindicar.
Para lograr este reconocimiento no ha bastado un Museo, por prestigioso que sea, precisamente porque la base de esta inscripción reside también en la capacidad de la cultura en cuestión de dar pruebas de su existencia, a través de diversas manifestaciones que tienen un vínculo directo con una población en cuestión, por pequeña que sea.
La comunidad de aficionados es ciertamente amplia y se extiende por numerosos países, pero nunca antes de la creación del Observatorio Nacional de las Culturas Taurinas en Francia un organismo había tenido la ambición de lograr su reconocimiento como tal, con el objetivo de que la Tauromaquia se inscribiera en el Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, tal como lo define la UNESCO.
La inscripción en la Lista del Patrimonio Francés, un primer paso hacia la culminación de este proceso, ha demostrado la legitimidad de este objetivo, ya que el expediente elaborado por el comité científico del Observatorio cumple con todos los requisitos de la UNESCO. Al cumplir incluso uno solo de estos requisitos, una cultura puede ser inscrita legítimamente y, por lo tanto, protegida definitivamente de ataques, que es precisamente el objetivo de la UNESCO.
Frente al oscurantismo de un animalismo regresivo que pretende sustituir los valores del humanismo por los de un retorno utópico a un estado de naturaleza abusivamente idealizado, el objetivo del Observatorio, ya en parte alcanzado gracias a este reconocimiento cultural a nivel nacional, es triple:
Consolidar los avances logrados en Francia mediante una vigilancia constante a nivel institucional y sobre el terreno,
Unir a los aficionados sin los cuales la defensa de la cultura taurina, por legítima que sea, sería imposible si adolece de falta de visibilidad, crear una sinergia con otros países taurinos para que la cultura taurina pueda afrontar el nuevo milenio sin miedo.
La base ética de este enfoque se apoya en un hecho evidente: es porque ha sabido salir de su estado inicial de animalidad que nuestra especie no se parece a ninguna otra y que ha sobrevivido frente a aquellos a quienes la ley de la selva ha colocado en posición de fuerza.
Y de este genio humano que nos permitió salir del caos y sobrevivir a una probable extinción, el espectáculo taurino es la representación digna, en cuanto que, como los antiguos misterios, pone en escena las fuerzas oscuras del caos de las que emerge la luz: a lo largo de los siglos, la caza se convirtió en juego, el juego en lucha, antes de desembocar en una dimensión artística universalmente reconocida, que, como todo arte vivo, seguirá evolucionando gracias al genio del hombre, siempre que este consiga conservar intacta la autenticidad de ese adversario idealizado que es el toro, para arriesgar su vida enfrentándose a él con fines estéticos.
Es porque coinciden en este análisis de los fundamentos de su cultura común que las entidades taurinas francesas que han unido sus fuerzas para crear y mantener el Observatorio se han comprometido a llevar a cabo sus corridas a imagen del torero y sus faenas: con honor y elegancia, sin caer nunca en la trampa de la violencia y el insulto que se le tiende, convencidas de que al final esta actitud responsable prevalecerá.
André Viard
Presidente del Observatorio Nacional de Culturas Taurinas
Fuente:
Observatorio Nacional de Culturas Taurinas https://www.culturestaurines.com/





























